Al comenzar este nuevo año, sigo en profunda gratitud y en reflexión sobre lo que la Vida quiere expresar a través de mí en este nuevo ciclo.
2025 fue un año de transición profunda en el sentido más verdadero. Marcó el cierre de un capítulo de mi vida y trajo consigo un gran aprendizaje, maduración interior y claridad. Estoy agradecida por lo que me pidió y por lo que me ayudó a ver y sentir, aquello que finalmente quería emerger.
Una vez más, recordé algo fundamental: nuestra percepción determina cómo experimentamos la vida.
A nivel individual, incluso después de casi una década de profundo desarrollo interior y espiritual, el proceso de soltar antiguas formas de ver y de ser que ya no nos sirven se siente muy similar a los ciclos de la naturaleza. No siempre es fácil ni agradable, pero sí profundamente formativo. A nivel colectivo, podemos observar con claridad un mundo que sigue estando moldeado por paradigmas mecanicistas, de poder sobre otros, excesivamente patriarcales y extractivos.
Estas formas de organizar la vida están siendo cada vez más cuestionadas, y aun así siguen influyendo fuertemente en cómo nos relacionamos, cómo lideramos y cómo diseñamos sistemas.
Al entrar en un nuevo año, creo que la intencionalidad es esencial. Intencionalidad para deshacer formas condicionadas de ver el mundo. Intencionalidad para entrenar nuestra mente hacia la claridad en lugar del miedo.
El cambio real comienza desde dentro. Desde la percepción. Desde la identidad. Desde el Ser. Desde la relación viva entre la mente y el corazón.
En un mundo que a menudo se siente mecanicista y carente de alma, es evidente que necesitamos un cambio de dirección y más sabiduría guiando nuestras decisiones.
Esto nos invita a atender lo que yo percibo como una dimensión vertical de la vida: quiénes somos en el espacio de lo que sucede. Todo lo que hacemos está impregnado de la conciencia desde la cual actuamos. Cuando cultivamos alineación interior, calma y coherencia, nuestras acciones comienzan naturalmente a reflejarlo.
Cada elección importa. Cómo nos relacionamos. Cómo lideramos. Cómo diseñamos sistemas. Cómo tratamos a la Tierra y a los demás. Cuando cuidamos lo que vive dentro de nosotras y nosotros, creamos las condiciones para que nuestras raíces crezcan profundas. La transformación real no comienza haciendo más, sino regresando a casa. Permitiendo que el corazón se abra en lugar de contraerse. Eligiendo integridad, cuidado y responsabilidad de maneras muy prácticas y concretas.
Volver a casa, a quienes realmente somos. A nuestra brújula interior. A nuestros valores. A la inteligencia profunda que vive en el corazón, en el cuerpo y en nuestra relación con la vida misma. Desde ahí, nuestras decisiones y nuestra forma de liderar cambian de manera natural, porque nos importa.
En un mundo que persigue constantemente lo que viene después, profundizar en lo que ya está vivo dentro de nosotras y nosotros se convierte en un acto radical de activismo consciente y sagrado. Cada vez que elegimos abrir el corazón, abrimos un campo más amplio de posibilidades para la conexión, la sanación y un cambio significativo en nuestro mundo y en nuestra relación con la naturaleza.
Al comenzar este año, vuelvo una vez más a una cita de Ralph Waldo Emerson que se siente especialmente oportuna:
“Lo que queda detrás de nosotros y lo que tenemos delante son pequeñeces comparado con lo que vive dentro de nosotros.”
Reflexioné recientemente sobre esta cita en otro artículo donde exploré la integración de una mente sabia con la inteligencia del corazón y cómo, cuando esta integración se encarna, la sabiduría se convierte en una forma de ser. Se siente significativo volver a ello al iniciar este nuevo ciclo, como el capullo de la rosa que se convierte en rosa a su propio ritmo y en su propio tiempo.
A pesar de los titulares ruidosos y a menudo pesados, reconforta ver que iniciativas silenciosas y esperanzadoras están surgiendo en todas partes. Lo tomo como una señal de movimiento hacia adelante y de un renovado impulso para la humanidad.
Que este año marque un movimiento hacia una mayor unidad, compasión y coherencia, guiadas por la inteligencia del corazón. Te deseo un año de claridad, amabilidad, sentido de pertenencia y el coraje de vivir desde lo que es más verdadero para ti.
Espero con ilusión nuevas conexiones y conversaciones con quienes sienten que otra forma de ser, vivir, colaborar y liderar ya está desplegándose.
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Autora
Claudia Giselle Edinger – Embajadora de Una Nueva Tierra | Mentora | Coach | Facilitadora | Speaker
Facilitando la transformación para un mundo próspero. Promoviendo un liderazgo con propósito, el potencial empoderado y culturas arraigadas en la sostenibilidad y la regeneración. Combinando el conocimiento moderno con la sabiduría ancestral al servicio de la Tierra Viva y de todos los seres.